Teoría verbal-sexual
Los
verbos son clases de palabras que conllevan diferentes accidentes morfológicos y exigen elementos semánticos según su naturaleza.
Así por ejemplo, el verbo "pedir" por lo general implica que
alguien ha pedido
algo a
alguien. El verbo exige de por sí ciertos modificadores que pueden o no estar explícitos en una oración modelo, pero que se hacen presentes en las mentes de los hablantes.
En este sentido, entramos en el campo de la
transitividad.
La transitividad del verbo, es justamente, la necesidad que tiene este de un elemento que complete su significado. Este elemento es lo que llamamos
objeto directo.
Tomemos por caso el verbo “tener”. Una oración como “Juan tiene”, resulta carente de lógica y hasta de gramaticalidad. Siempre
alguien tiene
algo. Ese
algo es el objeto directo, donde la acción de tener recae y completa su propio significado. Confrontar con: "Juan tiene un perro".
Algunos verbos, empero, no precisan de ningún otro elemento para cerrar su significado. Es el caso de lo que se denomina
verbos intransitivos. Por ejemplo:
Llorar. “Él lloró”, es una oración completa, y de hecho, agregar un objeto directo (Él lloró lágrimas) resulta redundante, ilógico y agramatical. “Él lloró choripanes” ya no resulta redundante, pero resulta ilógico. Recordamos que la gramática intenta hacer una regla general y no puede verificar y sostener los caprichos de los poetas y locos.
Finalmente, el objeto directo op.cit puede sustituirse por el pronombre personal objetivo”lo”, “la” y sus plurales “los”, “las”.
Así, ”Él tiene un perro”, puede convertirse en: ”Él
lo tiene”. Nótese cómo el pronombre coincide en género y número con el sustantivo remplazado.
Después de esta introducción estamos a punto de conocer la hipótesis:
Cualquier verbo de carácter transitivo sumado a los pronombres enclíticos “me” (1º persona del singular, con función de objeto indirecto, da a entender a quién beneficia, perjudica o se dirige la acción del verbo)
y “la” (ya mencionado pronombre objetivo que remplaza al Objeto Directo)
crea una construcción de claras alusiones sexuales. Desde el obvio “chupámela”, pasando por: “pedímela”, “abrazámela”, “bailámela”, “frizámela”, “robámela”, “producímela”, etc.
En conclusión, estamos en condiciones de afirmar que, finalmente, la cuestión semántica (esto es, el sentido o múltiples sentidos que acarrea cada palabra) se ve subyugada ante la cuestión morfológica (esto es, los accidentes gramaticales que puede acarrear una palabra) para vaciarla del sentido primero y llenarla de un sentido por extensión de claras alusiones sexuales. Comparemos: “Producir: crear, generar, causar” y “Producimela”, que contiene un oscuro significado (relacionado con el plano sensual), pero al mismo tiempo de común comprensión en la mente de los hablantes.
En cuanto a los
verbos intransitivos, que, recordamos, no exigen un objeto directo, la trasposición es más complicada, ya que, poniendo de ejemplo el verbo “ir”, “andámela” supera la expectativa de los gramáticos, aunque, aceptémoslo, no la de los hablantes con mente podrida.
En todo caso, desarrollaremos luego esta idea.