22.10.09

Temas de hoy II



HOY
El DIMINUTIVITO.

El diminutivo merece especial análisis y esta no será la ocasión porque tengo que ir a pelar papas.
Seguro que hubiera conmovido su corazón, querido lector (mamá), si hubiera dicho "tengo que pelar papitas". ¿Puede creerlo? ¿Puede sentirlo? El diminutivo es el accidente morfológico más comprador y tierno que podrá usted encontrar en la lengua castellana.

La COMPROBACIÓN
Piense en un gato. ¿Lindo no? Ahora piense en un gatito. ¡Es increíble! Cómo puede ser que un simple -ito o -ita dé lugar a este vagaje de boludés.
Pues bien, hagamos una prueba: piense en un viejo decrépito apestando a mierda. Ahora piense en un bebé apestando a mierda. Por alguna razón, y pese a la mierda, nos inclinaremos hacia el bebé cuasi instintivamente. Exactamente lo mismo pasa con las palabras: el diminutivo no es sonso.

De hecho, más allá de los gustos personales concretos, se tiende a preferir "chiquito y juguetón" que "grande y dormilón". ¿La razón? El diminutivo.

La HIPÓTESIS: el diminutivo da a las palabras un dejo de ingenuidad, ternura, cuasicuasipelotudés, y nos saca una sonrisa, nos compra, nos enamora.

La EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA: lechita. Una palabra que podría ser tiernita, pero no. Es perversa, cochina, lujuriosa.
Decir "me gusta mojar las vainillas en la leche" es dejarla picando, pero asegurar "me gusta mojar las vainillas en la lechita"... es irse al carajo.

El AVISO A LA COMUNIDAD: haga un uso inteligente del diminutivo. No abuse. El diminutivo es un arma de doble filo y usted puede quedar como un verdadero pelotudo si no se modera.

La CONCLUSIÓN: No sé. Tenía ganas de decir la palabra "lechita".

la DESPEDIDA: chaucito.


1.10.09

Auto-retrato con rasta y gato


De mi cabeza laberíntica crece la serpiente / sesea / se recoge para tomar impulso y asalta.

De mis manos surge la bestia asesina que roe la quietud del día con cálido ronroneo ancestral.

Soy el híbrido / el campo de batalla / el ring del combate mortal. Gane quien gane quedo yo en medio salpicada en la sangre de mis engendros como un dios aburrido que crea a sus criaturas para cercenarlas.

Del día funesto de la contienda final quedan mis manos sin bestia /mi cabeza sin serpiente /mi noche embebida en la nostalgia de un mutilarme ligero y seco.

De la guerra impuesta y el amor sucinto en mi mirada surge la imagen que se inmola en estas letras /inútiles/ sin imagen.