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3.10.11

la ciudad de aquel lado es un inmenso paredón...

i.
la ciudad de aquel lado es un inmenso paredón
contra el que ponemos a los chicos y
los fusilamos
los velamos
los enterramos juntos, para que tengan menos frío.
y seguimos viviendo
un poquito más insensibles, un poquito más ansiosos, un poquito más viciosos, un poquito más desacatados, un poquito muertos por dentro.

ii.

las flores con las que rociaste la tumba de tu hermano
son el venenoso recuerdo de la noche.
y ahora
las flores del mundo te hieden a muerte.

5.12.10

La blusa como ensangrentada…


A A.

La blusa como ensangrentada y todo mi ahínco en borrar la mancha con un pañuelo, y cada rasqueteada parece querer romper más la tela, y así quizás me libere del recuerdo de esta noche que parió las manchas de vino turbio y el desliz de mi mirada suicida y las 4 de la mañana no es suficientemente tarde para encontrarme bajo la lámpara del baño, sentada en el borde de la bañadera de una casa extraña para limpiar la blusa que en un descuido recibe la tinta roja de tu vaso y yo solo atino a correr al baño para sacar la mancha rápido rápido y olvidarme de la música estridente ahí afuera y de que bailabas a veces conmigo, a veces en la ronda general de amigos, a veces compartíamos el vaso de vino, el vino que mancha mi blusa, a veces nos reíamos, a veces me gustaba verte bailar y a veces yo te quería tanto, y a veces me hacías mal porque este silencio era mutuo e inescrutable y frágil pero irrompible y yo solo quería criminalmente hurtarte un beso leve para aprender a qué sabés, si sabés a lo que yo creo que sabés, y la mancha rojiza comienza a azularse y tengo miedo de que la mancha no salga nunca y unto jabón al pañuelo y rasguño la tela con esta furia que me nace de los ojos y se me desparrama por adentro hasta la lengua y después vaga hasta el punto donde el cuello y el torso ya no distinguen límites y reposa en la mancha moradazulada y la blusa se me nubla y afuera alguien más te está queriendo, y yo no lo quise creer porque yo te quería así, tan extrañamente solo, sorprendido de cualquier caricia y la mancha que no sale que parece que va a salir pero siempre queda un dejo un latido un murmullo de vino y, mientras unto más jabón a mi pañuelo y tocan a la puerta y grito “ocupado”, pienso que fue una linda fiesta, con música, amigos, vino y cerveza y que estabas vos y te quise mucho solo porque sí, porque estaba feliz, y mientras bailaba una canción que me gustaba, te busqué con la mirada y te encontré de repente acompañado y me pregunté si realmente eso estaba pasando, si realmente yo te había querido para que estuvieras perdido en los brazos de una chica que no te quería como yo te quería y si realmente tosco y risueño, como te creía, querías darles besos a chicas y después abrazarlas y dormir con ellas y amarlas y llorarlas si alguna vez se presentaba la ocasión, y yo bailé sola preguntándome eso, y me acerqué un poco como sin mirarte, como para agudizar mi peste y en un traspié en una nota alta en un grito en un mordisco en un arrebato en un suspiro volcaste sin querer el vaso de vino que sostenías todavía en tu mano enredada a su cuerpo, y mi blusa parecía la de un accidentado un suicida una víctima en el altar y me pediste perdón, creo, pero yo corrí hasta el baño trabé la puerta me senté en el borde de la bañadera y comencé mi labor de limpieza (de blusa, de memoria) y pienso que alguien te pidió un beso y vos se lo diste y ese alguien no fui yo y me reconozco cobarde y te extraño y en un futuro no te voy a extrañar ni querer tanto pero ahora sentada en el borde de la bañadera, con el torso prácticamente descubierto, con la blusa sobre mi falda a punto de arruinarse definitivamente por mi cuidados y no por el vino, con el pañuelo que ya no responde, goteando agua enjabonada por mis piernas ahora, digo, me siento añicos de copa o una película velada y siguen golpeando a la puerta que me apure que qué estoy haciendo ahí adentro y yo ya no quiero salir, quiero dormir, retroceder el tiempo y que no me hayas tirado el vino encima, que no hayas besado a nadie, volver a comenzar la noche y sin embargo todo habría sido tal cual fue porque esta historia estaba destinada a ser una mancha.

10.7.10

el paso de una hormiga

A M.

la marcha diestra de una hormiga

que recorre el dedo, la yema, vaga por la uña

se pierde en un pliegue hueco del laberinto de las líneas de la mano


(todo tan tiernamente ensordecedor

todo estridentemente medido)


el lóbulo de la oreja se estremece con el paso de la hormiga

la pestaña que vibra

la frente lisa se hace huella

ovillarme

olvidarme

otra

bajo tu paso de hormiga.

15.3.10

Eva Eventual



En el espejo,
la misma de siempre
esa que siempre
está en la antesala de sí misma

(tan eventual
tan eventual
tan destrozadamente eventual)


si siguiera el surco de tinta negra
si saltara por la ventana
si cediera a la noche tibia una tregua y la bebiera con ritual desorden. Quizás

22.12.09

Silencios

A H.


La última vez que me fijé, tus manos retorcían mi cuello casi como un ritual, y casi como sin querer, quise abrazarte.
Frente al espejo veo tu mordida en la costilla, pero ya no sangro. Soy la salamandra esperando el tiro de gracia que me arrebate de la eternidad de ser yo.
Cuento las monedas y siento que ese es un acto que podrías saber de mí. No te busco, pero espero que me estés mirando del otro lado de la ventana que dibujo con mis dedos. Y del otro lado de esa ventana veo el mundo que ya no ocupo. Y recorro con deseo el martirio de ser olvidada en tu gran hazaña que es la vida.
A vos. La vida no te deja en paz.
Y yo. Oculta debajo de la alfombra contesto con mutismo de gorrión.

1.10.09

Auto-retrato con rasta y gato


De mi cabeza laberíntica crece la serpiente / sesea / se recoge para tomar impulso y asalta.

De mis manos surge la bestia asesina que roe la quietud del día con cálido ronroneo ancestral.

Soy el híbrido / el campo de batalla / el ring del combate mortal. Gane quien gane quedo yo en medio salpicada en la sangre de mis engendros como un dios aburrido que crea a sus criaturas para cercenarlas.

Del día funesto de la contienda final quedan mis manos sin bestia /mi cabeza sin serpiente /mi noche embebida en la nostalgia de un mutilarme ligero y seco.

De la guerra impuesta y el amor sucinto en mi mirada surge la imagen que se inmola en estas letras /inútiles/ sin imagen.

11.6.09

me pidió un poco de amor

Me pidió un poco de amor. Un poco nomás, dijo, sin compromisos.
Le dije que estaba ocupada, que me retorcía, que necesitaba vino.
Me respondió que yo era una bofetada
y que masturbarse pensando en mí era cada vez menos divertido.
Le dije que con su psiquis yo no me metía y que no me metiera en ella.
Me contestó que ya era tarde.

Le pedí un rato en soledad. Un poco nomás, dije, sin fecha de caducidad pero sin letra chica.
Un poquito.

No me dijo nada.
Se tragó la lengua como un epiléptico.
Retomó la lectura del libro abierto sobre la mesa. Los brazos en paralelos sosteniendo la cabeza en medio.
Cebó un mate lavado.
Lo dejó en la esquina de la mesa.

Al día siguiente se había ido. Había empacado todo, me había dejado las llaves sobre la mesa, al lado del mate. Aunque se olvidó un poco de amor sobrevolando el rincón de las latas y las escobas.
Y yo no lo quería ahí deambulando, pero no me animo a abrir las ventanas, a ventilar la casa, a dejar de llorarla.

26.4.09

Punto calmo


Retroceder al punto calmo

cuando el alcohol no ardía en las sienes

cuando yo no había dicho que sí

cuando la tormenta solo amenaza

cuando el plato estaba aún sobre la mesa

cuando las palabras no inundaban el diván del psicólogo

cuando te preparás para la fiesta

cuando todavía quedan horas de luz

cuando el cáncer no se propaga

cuando todavía no lo razono

cuando íbamos palpándonos las manos, conociéndonos los párpados, danzándonos las pieles…

Y de repente,

pasa.

15.4.09

como gotitas...


Como gotitas

carmesí

Como gotitas

hechas aferradas al filo

Como gotitas muecas uñas rotas gotitas dulces que caen

insomnes

estallan en la baldosa sola, y riegan con su cuerpo la cocina cálida

que hierve aún algo

Como gotitas que en su silencio mustio

ahuyentan al gato sabio

Como gotitas

y el grito de la madre que ya no se escucha.

2.4.09

Ea, lobo




Sostengo con el índice y el pulgar el hilo bífido
que serpentea acariciando mis yemas,
creando nuevas líneas en mi mano.

El lobo de carbón me aúlla vos no estás bien.

No: tengo un hueso partido
El corazón vegetando
La razón desbordada
El ultraje de mí misma ah, no, lobo, yo no estoy bien.
Dame de tu voz de la piedra de tu nombre
De tu quehacer de tu sexo de tu vientre

Pero el lobo subió ya por el hilo
Hace muecas de no me alcanzarás y se pierde en la lejanía celeste.

Ea, lobo, ¿no vas a volver?

¿Y si dejo de sostener el hilo?
¿Te vas a caer?
¿Desde el cielo?
¿Para ser
la mancha que soy?





Imagen: Gastón Viñas