Mostrando entradas con la etiqueta cosas que teorizo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cosas que teorizo. Mostrar todas las entradas

13.6.11

No sé por qué no me callo II

Sobre la conchudez

Hoy descubrí que lxs porterxs son unxs conchudxs, que les cabe ser conchudxs, que cuando eran chicxs y les preguntaban “¿qué querés ser cuando seas grande?”, ellxs contestaban “conchudx”.
Y debo ser bocado fácil para la conchudéz, porque gozan en ningunearme, en burocratizar las puertas, en hacerse de llaves para nunca compartirlas, en detentar el poder que les da su omnipresencia y omnisapiencia, vedar los jardines, sellar las terrazas, apropiarse del sol.

A partir de esto, después de un letargo literario (que continuará, no me caben dudas), comencé un cuento onda 1984, donde el Big Brother es el portero y nos termina matando a todxs los inquilinxs. Cuento el final porque es obvio que nunca voy a terminar ese texto. Ojalá, pero no. Me conozco.

Enrique, el hombre rata, el hombre nomolestar, el hombre riegacemento, el hombre ineptitud, el hombre cerocortesía. Bailaré sobre tu tumba. Porque yo también soy una conchuda, vas a ver. 

4.6.11

Bienvenidxs!


"¿y nosotrxs cuándo?" se pregunta el
duendecillo porteño. Se armó la polémica.



Tengo que serte sincera, Mauricio, no entiendo del todo el concepto que quieren transmitir tus afiches amarillos por la ciudad. ¿Soy bienvenida a qué? ¿A qué me invitás? ¿Por qué pensás que estoy interesada?
No sé por qué, lo primero que entendí es que me invitabas a Buenos Aires. Cómo te explico la furia, Mauricio, esta ciudad es mía desde antes de que existieras (de que existieras como experimento político, se entiende); me das la bienvenida a la ciudad y yo no sé si reír o tirarte un zapato por la cabeza.
Alguien me dijo que no, Eva, te está invitando al PRO.
Ah, qué triste, me dije. Y mi siguiente razonamiento fue que las caras sonrientes de los afiches no pertenecían a seres bienvenidos, sino a jóvenes pagxs, no invitadxs (a lxs invitadxs no se les paga, se lxs invita, a menos que seas Polino o Lía Crucet en una fiesta bizarra). Pensé que tuviste que desenfundar la billetera y comprar almas, Mauricio. Porque se me ocurre que las caritas sonrientes le pertenecen a gente que le debe chupar un huevo la política, un huevo poner la cara para vos. Tanto les chupa un huevo que por una suma finita de dinero aceptaron la apuesta.
Por otra parte, me pregunto por toda la gente que no entra en tus carteles. Que el eje de tu campaña sea que existe quien está bienvenidx, implica, creo yo, que hay alguien que no está bienvenidx. Si no, para qué me lo planteás.
Suena terriblemente obvio lo que digo y casi una canallada molestarse con esto, pero es que me parece evidente que unx mira esos carteles y enseguida asaltan a su cabeza preguntas como: ¿estarán bienvenidxs también, como esa gente paga lo está, las travestis, las putas, lxs paquerxs, lxs deformes, lxs pelotudxs, lxs sucixs, lxs eternxs excluidxs, lxs bolivianxs, lxs paraguayxs, lxs peruanxs, lxs chinxs... -y redoblo -, lxs antiguaybarbudenses, las señoras con rulero, el chiquillo con yo yo, la chiquilla que no acepta las trenzas, los gatitos tricolores, los robots del futuro, lxs tanguerxs tomamerca, lxs lectorxs de poemas, lxs seguidores de la Rampolla, lxs amantes de los lentos ochentosos, lxs que no saben cocinarse un huevo duro, lxs que toman mate con azúcar, etc, etc, etc… (los intelectuales te los cagó el kirchnerismo)?
Yo no entiendo cómo tus publicistas no se dieron cuenta de que si explicás quiénes están bienvenidxs es porque hay algunxs que no lo están, pero no marcás esa inclusión-exclusión desde lo ideológico/partidista (“están bienvenidxs quienes deseen un país mejor, con justicia, igualdad, bigotitos y salchichón primavera”), sino que lo planteás desde caritas. Caritas bonitas en un ámbito determinado que no dicen absolutamente nada. Es increíble el poco tacto de tus publicistas, yo que vos lxs echo, en serio. Les dan de comer a la izquierda y a los progres.
Pero no vamos a agarrárnosla con el publicista. Tus afiches están a la medida de una gestión que propone rejas, tapar baches y llenarnos de policías. Si lo pensamos bien, son carteles consecuentes. Consecuentemente pelotudos.
Al final, tenías todo planeado. Sos un groso, Mauricio. Qué loco.

22.10.09

Temas de hoy II



HOY
El DIMINUTIVITO.

El diminutivo merece especial análisis y esta no será la ocasión porque tengo que ir a pelar papas.
Seguro que hubiera conmovido su corazón, querido lector (mamá), si hubiera dicho "tengo que pelar papitas". ¿Puede creerlo? ¿Puede sentirlo? El diminutivo es el accidente morfológico más comprador y tierno que podrá usted encontrar en la lengua castellana.

La COMPROBACIÓN
Piense en un gato. ¿Lindo no? Ahora piense en un gatito. ¡Es increíble! Cómo puede ser que un simple -ito o -ita dé lugar a este vagaje de boludés.
Pues bien, hagamos una prueba: piense en un viejo decrépito apestando a mierda. Ahora piense en un bebé apestando a mierda. Por alguna razón, y pese a la mierda, nos inclinaremos hacia el bebé cuasi instintivamente. Exactamente lo mismo pasa con las palabras: el diminutivo no es sonso.

De hecho, más allá de los gustos personales concretos, se tiende a preferir "chiquito y juguetón" que "grande y dormilón". ¿La razón? El diminutivo.

La HIPÓTESIS: el diminutivo da a las palabras un dejo de ingenuidad, ternura, cuasicuasipelotudés, y nos saca una sonrisa, nos compra, nos enamora.

La EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA: lechita. Una palabra que podría ser tiernita, pero no. Es perversa, cochina, lujuriosa.
Decir "me gusta mojar las vainillas en la leche" es dejarla picando, pero asegurar "me gusta mojar las vainillas en la lechita"... es irse al carajo.

El AVISO A LA COMUNIDAD: haga un uso inteligente del diminutivo. No abuse. El diminutivo es un arma de doble filo y usted puede quedar como un verdadero pelotudo si no se modera.

La CONCLUSIÓN: No sé. Tenía ganas de decir la palabra "lechita".

la DESPEDIDA: chaucito.


8.9.09

Temas de hoy I

Teoría verbal-sexual

Los verbos son clases de palabras que conllevan diferentes accidentes morfológicos y exigen elementos semánticos según su naturaleza.
Así por ejemplo, el verbo "pedir" por lo general implica que alguien ha pedido algo a alguien. El verbo exige de por sí ciertos modificadores que pueden o no estar explícitos en una oración modelo, pero que se hacen presentes en las mentes de los hablantes.

En este sentido, entramos en el campo de la transitividad.
La transitividad del verbo, es justamente, la necesidad que tiene este de un elemento que complete su significado. Este elemento es lo que llamamos objeto directo.
Tomemos por caso el verbo “tener”. Una oración como “Juan tiene”, resulta carente de lógica y hasta de gramaticalidad. Siempre alguien tiene algo. Ese algo es el objeto directo, donde la acción de tener recae y completa su propio significado. Confrontar con: "Juan tiene un perro".

Algunos verbos, empero, no precisan de ningún otro elemento para cerrar su significado. Es el caso de lo que se denomina verbos intransitivos. Por ejemplo: Llorar. “Él lloró”, es una oración completa, y de hecho, agregar un objeto directo (Él lloró lágrimas) resulta redundante, ilógico y agramatical. “Él lloró choripanes” ya no resulta redundante, pero resulta ilógico. Recordamos que la gramática intenta hacer una regla general y no puede verificar y sostener los caprichos de los poetas y locos.

Finalmente, el objeto directo op.cit puede sustituirse por el pronombre personal objetivo”lo”, “la” y sus plurales “los”, “las”.
Así, ”Él tiene un perro”, puede convertirse en: ”Él lo tiene”. Nótese cómo el pronombre coincide en género y número con el sustantivo remplazado.

Después de esta introducción estamos a punto de conocer la hipótesis:
Cualquier verbo de carácter transitivo sumado a los pronombres enclíticos “me” (1º persona del singular, con función de objeto indirecto, da a entender a quién beneficia, perjudica o se dirige la acción del verbo) y “la” (ya mencionado pronombre objetivo que remplaza al Objeto Directo) crea una construcción de claras alusiones sexuales. Desde el obvio “chupámela”, pasando por: “pedímela”, “abrazámela”, “bailámela”, “frizámela”, “robámela”, “producímela”, etc.

En conclusión, estamos en condiciones de afirmar que, finalmente, la cuestión semántica (esto es, el sentido o múltiples sentidos que acarrea cada palabra) se ve subyugada ante la cuestión morfológica (esto es, los accidentes gramaticales que puede acarrear una palabra) para vaciarla del sentido primero y llenarla de un sentido por extensión de claras alusiones sexuales. Comparemos: “Producir: crear, generar, causar” y “Producimela”, que contiene un oscuro significado (relacionado con el plano sensual), pero al mismo tiempo de común comprensión en la mente de los hablantes.

En cuanto a los verbos intransitivos, que, recordamos, no exigen un objeto directo, la trasposición es más complicada, ya que, poniendo de ejemplo el verbo “ir”, “andámela” supera la expectativa de los gramáticos, aunque, aceptémoslo, no la de los hablantes con mente podrida.
En todo caso, desarrollaremos luego esta idea.