Retroceder al punto calmo
cuando el alcohol no ardía en las sienes
cuando yo no había dicho que sí
cuando la tormenta solo amenaza
cuando el plato estaba aún sobre la mesa
cuando las palabras no inundaban el diván del psicólogo
cuando te preparás para la fiesta
cuando todavía quedan horas de luz
cuando el cáncer no se propaga
cuando todavía no lo razono
cuando íbamos palpándonos las manos, conociéndonos los párpados, danzándonos las pieles…
Y de repente,
pasa.