8.9.09

Temas de hoy I

Teoría verbal-sexual

Los verbos son clases de palabras que conllevan diferentes accidentes morfológicos y exigen elementos semánticos según su naturaleza.
Así por ejemplo, el verbo "pedir" por lo general implica que alguien ha pedido algo a alguien. El verbo exige de por sí ciertos modificadores que pueden o no estar explícitos en una oración modelo, pero que se hacen presentes en las mentes de los hablantes.

En este sentido, entramos en el campo de la transitividad.
La transitividad del verbo, es justamente, la necesidad que tiene este de un elemento que complete su significado. Este elemento es lo que llamamos objeto directo.
Tomemos por caso el verbo “tener”. Una oración como “Juan tiene”, resulta carente de lógica y hasta de gramaticalidad. Siempre alguien tiene algo. Ese algo es el objeto directo, donde la acción de tener recae y completa su propio significado. Confrontar con: "Juan tiene un perro".

Algunos verbos, empero, no precisan de ningún otro elemento para cerrar su significado. Es el caso de lo que se denomina verbos intransitivos. Por ejemplo: Llorar. “Él lloró”, es una oración completa, y de hecho, agregar un objeto directo (Él lloró lágrimas) resulta redundante, ilógico y agramatical. “Él lloró choripanes” ya no resulta redundante, pero resulta ilógico. Recordamos que la gramática intenta hacer una regla general y no puede verificar y sostener los caprichos de los poetas y locos.

Finalmente, el objeto directo op.cit puede sustituirse por el pronombre personal objetivo”lo”, “la” y sus plurales “los”, “las”.
Así, ”Él tiene un perro”, puede convertirse en: ”Él lo tiene”. Nótese cómo el pronombre coincide en género y número con el sustantivo remplazado.

Después de esta introducción estamos a punto de conocer la hipótesis:
Cualquier verbo de carácter transitivo sumado a los pronombres enclíticos “me” (1º persona del singular, con función de objeto indirecto, da a entender a quién beneficia, perjudica o se dirige la acción del verbo) y “la” (ya mencionado pronombre objetivo que remplaza al Objeto Directo) crea una construcción de claras alusiones sexuales. Desde el obvio “chupámela”, pasando por: “pedímela”, “abrazámela”, “bailámela”, “frizámela”, “robámela”, “producímela”, etc.

En conclusión, estamos en condiciones de afirmar que, finalmente, la cuestión semántica (esto es, el sentido o múltiples sentidos que acarrea cada palabra) se ve subyugada ante la cuestión morfológica (esto es, los accidentes gramaticales que puede acarrear una palabra) para vaciarla del sentido primero y llenarla de un sentido por extensión de claras alusiones sexuales. Comparemos: “Producir: crear, generar, causar” y “Producimela”, que contiene un oscuro significado (relacionado con el plano sensual), pero al mismo tiempo de común comprensión en la mente de los hablantes.

En cuanto a los verbos intransitivos, que, recordamos, no exigen un objeto directo, la trasposición es más complicada, ya que, poniendo de ejemplo el verbo “ir”, “andámela” supera la expectativa de los gramáticos, aunque, aceptémoslo, no la de los hablantes con mente podrida.
En todo caso, desarrollaremos luego esta idea.

3 comentarios:

  1. me mató

    pero no voy a decir matamela, no no

    beso!

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  2. En caso de un accidente, podría ser "llorámela", lo cual sería redundante, porque algo tan preciado y perdido no merece orden alguna para lagrimear. Qué cosa esto del lenguaje, che.

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  3. que chusco!
    es como la conocida regla universal de agregar, después de decir cualquier frase (Sí, CUALQUIER FRASE O, incluso, EMISIÓN VERBAL O NO VERBAL) el congrejucto genitivo "Si sabes a lo que me refiero..." (mirando a los ojos, balanceando la cabeza en un sí impreciso y dejando el suspenso al final de la frase). Al hacer esto se genera un indiscutible significado sexual perverso a lo que uno dijo.
    Aquí un ejemplo:

    Sabés, ayer vi un pancho tirado al lado del monobingo de cabildo y lacrose... si sabes a lo que me refiero...

    Compruébelo Ud. mismo!

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