5.12.10

La blusa como ensangrentada…


A A.

La blusa como ensangrentada y todo mi ahínco en borrar la mancha con un pañuelo, y cada rasqueteada parece querer romper más la tela, y así quizás me libere del recuerdo de esta noche que parió las manchas de vino turbio y el desliz de mi mirada suicida y las 4 de la mañana no es suficientemente tarde para encontrarme bajo la lámpara del baño, sentada en el borde de la bañadera de una casa extraña para limpiar la blusa que en un descuido recibe la tinta roja de tu vaso y yo solo atino a correr al baño para sacar la mancha rápido rápido y olvidarme de la música estridente ahí afuera y de que bailabas a veces conmigo, a veces en la ronda general de amigos, a veces compartíamos el vaso de vino, el vino que mancha mi blusa, a veces nos reíamos, a veces me gustaba verte bailar y a veces yo te quería tanto, y a veces me hacías mal porque este silencio era mutuo e inescrutable y frágil pero irrompible y yo solo quería criminalmente hurtarte un beso leve para aprender a qué sabés, si sabés a lo que yo creo que sabés, y la mancha rojiza comienza a azularse y tengo miedo de que la mancha no salga nunca y unto jabón al pañuelo y rasguño la tela con esta furia que me nace de los ojos y se me desparrama por adentro hasta la lengua y después vaga hasta el punto donde el cuello y el torso ya no distinguen límites y reposa en la mancha moradazulada y la blusa se me nubla y afuera alguien más te está queriendo, y yo no lo quise creer porque yo te quería así, tan extrañamente solo, sorprendido de cualquier caricia y la mancha que no sale que parece que va a salir pero siempre queda un dejo un latido un murmullo de vino y, mientras unto más jabón a mi pañuelo y tocan a la puerta y grito “ocupado”, pienso que fue una linda fiesta, con música, amigos, vino y cerveza y que estabas vos y te quise mucho solo porque sí, porque estaba feliz, y mientras bailaba una canción que me gustaba, te busqué con la mirada y te encontré de repente acompañado y me pregunté si realmente eso estaba pasando, si realmente yo te había querido para que estuvieras perdido en los brazos de una chica que no te quería como yo te quería y si realmente tosco y risueño, como te creía, querías darles besos a chicas y después abrazarlas y dormir con ellas y amarlas y llorarlas si alguna vez se presentaba la ocasión, y yo bailé sola preguntándome eso, y me acerqué un poco como sin mirarte, como para agudizar mi peste y en un traspié en una nota alta en un grito en un mordisco en un arrebato en un suspiro volcaste sin querer el vaso de vino que sostenías todavía en tu mano enredada a su cuerpo, y mi blusa parecía la de un accidentado un suicida una víctima en el altar y me pediste perdón, creo, pero yo corrí hasta el baño trabé la puerta me senté en el borde de la bañadera y comencé mi labor de limpieza (de blusa, de memoria) y pienso que alguien te pidió un beso y vos se lo diste y ese alguien no fui yo y me reconozco cobarde y te extraño y en un futuro no te voy a extrañar ni querer tanto pero ahora sentada en el borde de la bañadera, con el torso prácticamente descubierto, con la blusa sobre mi falda a punto de arruinarse definitivamente por mi cuidados y no por el vino, con el pañuelo que ya no responde, goteando agua enjabonada por mis piernas ahora, digo, me siento añicos de copa o una película velada y siguen golpeando a la puerta que me apure que qué estoy haciendo ahí adentro y yo ya no quiero salir, quiero dormir, retroceder el tiempo y que no me hayas tirado el vino encima, que no hayas besado a nadie, volver a comenzar la noche y sin embargo todo habría sido tal cual fue porque esta historia estaba destinada a ser una mancha.

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