15.3.10

Eva Eventual



En el espejo,
la misma de siempre
esa que siempre
está en la antesala de sí misma

(tan eventual
tan eventual
tan destrozadamente eventual)


si siguiera el surco de tinta negra
si saltara por la ventana
si cediera a la noche tibia una tregua y la bebiera con ritual desorden. Quizás

22.12.09

Silencios

A H.


La última vez que me fijé, tus manos retorcían mi cuello casi como un ritual, y casi como sin querer, quise abrazarte.
Frente al espejo veo tu mordida en la costilla, pero ya no sangro. Soy la salamandra esperando el tiro de gracia que me arrebate de la eternidad de ser yo.
Cuento las monedas y siento que ese es un acto que podrías saber de mí. No te busco, pero espero que me estés mirando del otro lado de la ventana que dibujo con mis dedos. Y del otro lado de esa ventana veo el mundo que ya no ocupo. Y recorro con deseo el martirio de ser olvidada en tu gran hazaña que es la vida.
A vos. La vida no te deja en paz.
Y yo. Oculta debajo de la alfombra contesto con mutismo de gorrión.

22.10.09

Temas de hoy II



HOY
El DIMINUTIVITO.

El diminutivo merece especial análisis y esta no será la ocasión porque tengo que ir a pelar papas.
Seguro que hubiera conmovido su corazón, querido lector (mamá), si hubiera dicho "tengo que pelar papitas". ¿Puede creerlo? ¿Puede sentirlo? El diminutivo es el accidente morfológico más comprador y tierno que podrá usted encontrar en la lengua castellana.

La COMPROBACIÓN
Piense en un gato. ¿Lindo no? Ahora piense en un gatito. ¡Es increíble! Cómo puede ser que un simple -ito o -ita dé lugar a este vagaje de boludés.
Pues bien, hagamos una prueba: piense en un viejo decrépito apestando a mierda. Ahora piense en un bebé apestando a mierda. Por alguna razón, y pese a la mierda, nos inclinaremos hacia el bebé cuasi instintivamente. Exactamente lo mismo pasa con las palabras: el diminutivo no es sonso.

De hecho, más allá de los gustos personales concretos, se tiende a preferir "chiquito y juguetón" que "grande y dormilón". ¿La razón? El diminutivo.

La HIPÓTESIS: el diminutivo da a las palabras un dejo de ingenuidad, ternura, cuasicuasipelotudés, y nos saca una sonrisa, nos compra, nos enamora.

La EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA: lechita. Una palabra que podría ser tiernita, pero no. Es perversa, cochina, lujuriosa.
Decir "me gusta mojar las vainillas en la leche" es dejarla picando, pero asegurar "me gusta mojar las vainillas en la lechita"... es irse al carajo.

El AVISO A LA COMUNIDAD: haga un uso inteligente del diminutivo. No abuse. El diminutivo es un arma de doble filo y usted puede quedar como un verdadero pelotudo si no se modera.

La CONCLUSIÓN: No sé. Tenía ganas de decir la palabra "lechita".

la DESPEDIDA: chaucito.


1.10.09

Auto-retrato con rasta y gato


De mi cabeza laberíntica crece la serpiente / sesea / se recoge para tomar impulso y asalta.

De mis manos surge la bestia asesina que roe la quietud del día con cálido ronroneo ancestral.

Soy el híbrido / el campo de batalla / el ring del combate mortal. Gane quien gane quedo yo en medio salpicada en la sangre de mis engendros como un dios aburrido que crea a sus criaturas para cercenarlas.

Del día funesto de la contienda final quedan mis manos sin bestia /mi cabeza sin serpiente /mi noche embebida en la nostalgia de un mutilarme ligero y seco.

De la guerra impuesta y el amor sucinto en mi mirada surge la imagen que se inmola en estas letras /inútiles/ sin imagen.

30.9.09

no sé por qué no me callo

Descrubrí en estos días...

Que me gustan las bicicletas
Que cuando sea grande quiero ser asesina serial
Que cuando sea grande y sea asesina serial voy a darme cuenta de que lo que me llena de ira y deseo destruir es intangible, y eso va a ser un bajón.
Que si no funciona lo de asesina serial, podría ser una buena ama de casa.

...Pero sobre todo me di cuenta de que me gustan mucho las bicicletas.


8.9.09

Temas de hoy I

Teoría verbal-sexual

Los verbos son clases de palabras que conllevan diferentes accidentes morfológicos y exigen elementos semánticos según su naturaleza.
Así por ejemplo, el verbo "pedir" por lo general implica que alguien ha pedido algo a alguien. El verbo exige de por sí ciertos modificadores que pueden o no estar explícitos en una oración modelo, pero que se hacen presentes en las mentes de los hablantes.

En este sentido, entramos en el campo de la transitividad.
La transitividad del verbo, es justamente, la necesidad que tiene este de un elemento que complete su significado. Este elemento es lo que llamamos objeto directo.
Tomemos por caso el verbo “tener”. Una oración como “Juan tiene”, resulta carente de lógica y hasta de gramaticalidad. Siempre alguien tiene algo. Ese algo es el objeto directo, donde la acción de tener recae y completa su propio significado. Confrontar con: "Juan tiene un perro".

Algunos verbos, empero, no precisan de ningún otro elemento para cerrar su significado. Es el caso de lo que se denomina verbos intransitivos. Por ejemplo: Llorar. “Él lloró”, es una oración completa, y de hecho, agregar un objeto directo (Él lloró lágrimas) resulta redundante, ilógico y agramatical. “Él lloró choripanes” ya no resulta redundante, pero resulta ilógico. Recordamos que la gramática intenta hacer una regla general y no puede verificar y sostener los caprichos de los poetas y locos.

Finalmente, el objeto directo op.cit puede sustituirse por el pronombre personal objetivo”lo”, “la” y sus plurales “los”, “las”.
Así, ”Él tiene un perro”, puede convertirse en: ”Él lo tiene”. Nótese cómo el pronombre coincide en género y número con el sustantivo remplazado.

Después de esta introducción estamos a punto de conocer la hipótesis:
Cualquier verbo de carácter transitivo sumado a los pronombres enclíticos “me” (1º persona del singular, con función de objeto indirecto, da a entender a quién beneficia, perjudica o se dirige la acción del verbo) y “la” (ya mencionado pronombre objetivo que remplaza al Objeto Directo) crea una construcción de claras alusiones sexuales. Desde el obvio “chupámela”, pasando por: “pedímela”, “abrazámela”, “bailámela”, “frizámela”, “robámela”, “producímela”, etc.

En conclusión, estamos en condiciones de afirmar que, finalmente, la cuestión semántica (esto es, el sentido o múltiples sentidos que acarrea cada palabra) se ve subyugada ante la cuestión morfológica (esto es, los accidentes gramaticales que puede acarrear una palabra) para vaciarla del sentido primero y llenarla de un sentido por extensión de claras alusiones sexuales. Comparemos: “Producir: crear, generar, causar” y “Producimela”, que contiene un oscuro significado (relacionado con el plano sensual), pero al mismo tiempo de común comprensión en la mente de los hablantes.

En cuanto a los verbos intransitivos, que, recordamos, no exigen un objeto directo, la trasposición es más complicada, ya que, poniendo de ejemplo el verbo “ir”, “andámela” supera la expectativa de los gramáticos, aunque, aceptémoslo, no la de los hablantes con mente podrida.
En todo caso, desarrollaremos luego esta idea.

11.6.09

me pidió un poco de amor

Me pidió un poco de amor. Un poco nomás, dijo, sin compromisos.
Le dije que estaba ocupada, que me retorcía, que necesitaba vino.
Me respondió que yo era una bofetada
y que masturbarse pensando en mí era cada vez menos divertido.
Le dije que con su psiquis yo no me metía y que no me metiera en ella.
Me contestó que ya era tarde.

Le pedí un rato en soledad. Un poco nomás, dije, sin fecha de caducidad pero sin letra chica.
Un poquito.

No me dijo nada.
Se tragó la lengua como un epiléptico.
Retomó la lectura del libro abierto sobre la mesa. Los brazos en paralelos sosteniendo la cabeza en medio.
Cebó un mate lavado.
Lo dejó en la esquina de la mesa.

Al día siguiente se había ido. Había empacado todo, me había dejado las llaves sobre la mesa, al lado del mate. Aunque se olvidó un poco de amor sobrevolando el rincón de las latas y las escobas.
Y yo no lo quería ahí deambulando, pero no me animo a abrir las ventanas, a ventilar la casa, a dejar de llorarla.

26.4.09

Punto calmo


Retroceder al punto calmo

cuando el alcohol no ardía en las sienes

cuando yo no había dicho que sí

cuando la tormenta solo amenaza

cuando el plato estaba aún sobre la mesa

cuando las palabras no inundaban el diván del psicólogo

cuando te preparás para la fiesta

cuando todavía quedan horas de luz

cuando el cáncer no se propaga

cuando todavía no lo razono

cuando íbamos palpándonos las manos, conociéndonos los párpados, danzándonos las pieles…

Y de repente,

pasa.